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11 oct 2026

¿Por qué hoy es tan caro armar un PC? Cuando crear cuesta más que consumir.

 









Cuando llega el momento de comprar un nuevo PC tenemos las opciones de buscar ofertas de equipos ya montados o configurar nosotros mismos nuestro equipo a medida, realizando una investigación de los componentes y eligiéndolos pieza a pieza para poder tener un rendimiento adecuado al uso que vamos a darle y por supuesto, teniendo en cuenta nuestro presupuesto, que es el eje central de este artículo.

Los que hemos trabajado con ordenadores antes del  2000 y gradualmente nos fuimos familiarizando no solo con su funcionamiento sino con la importancia de sus componentes, sabemos que aquello era otro mundo; menos variedad, menos estándares y mucha más claridad a la hora de elegir piezas. Elegir, montar o actualizar un equipo es algo que ha obligado cada vez más al usuario a adquirir unos conocimientos y habilidades cada vez más exigentes a medida que la tecnología ha ido avanzando. El hardware de PC pasó de ser un estándar cerrado, homogéneo y limitado en sus inicios, a convertirse hoy en un mercado masivo, variado y estético, con miles de opciones diseñadas para cada presupuesto, gusto visual y tarea específica.

Los profesionales, para los que su PC es una herramienta de trabajo y requieren equipos con unos rendimientos superiores o usuarios que quieren disfrutar al máximo de los mundos virtuales y los juegos en línea, se han enfrentado a etapas donde la búsqueda y accesibilidad por precio a los componentes más adecuados ha sido un verdadero quebradero de cabeza. Sin embargo no podemos hablar de que se enfrentasen a crisis de accesibilidad a la tecnología sino más bien a ciclos generacionales que se percibieron como crisis retrospectivamente, al compararlo con lo que vino después.

Un primer impacto que si podría considerarse crisis de accesibilidad sucede debido a la minería de criptomonedas que genera dos momentos globales de desabastecimiento, entre 2017 y 2018 y con un impacto aún más severo entre 2020 y 2022, triplicando el precio de las tarjetas gráficas (GPUs).

A todo este panorama de la minería se le suma la crisis de semiconductores entre 2020 y 2023, en plena pandemia. Con medio mundo encerrado en casa, la demanda de tecnología para trabajar y entretenerse se disparó de la noche a la mañana, creando el caldo de cultivo perfecto para una especulación voraz. Las tarjetas gráficas desaparecieron de las tiendas y reaparecieron en la reventa a precios absurdos, acaparadas por programas automáticos que agotaban el stock en milisegundos y dejaban al usuario de a pie completamente desprotegido.

Lo que parecía un bache temporal acabó cambiando las reglas de la industria. Las marcas comprobaron que el mercado lo asumía resignado y decidieron normalizar esos precios inflados. La posibilidad de armar un equipo digno suponía una escalada económica considerable, afectando seriamente las expectativas de cualquiera que necesitase renovar su PC, en función del uso que fuese a darle.
Pero cuando parecía que el mercado empezaba a recuperarse, apareció un nuevo factor de presión, la inteligencia artificial.

Entre 2024 y 2026 las grandes tecnológicas aceleraron la construcción de centros de datos para entrenar y ejecutar modelos de IA, aumentando enormemente la demanda de procesadores, memoria y almacenamiento. Como resultado, una parte creciente de la capacidad de producción se está destinando a estos sistemas, reduciendo la disponibilidad para otros mercados.









Algunos analistas consideran que esta situación podría estabilizarse a medida que aumente la capacidad de fabricación. Sin embargo, también existe la posibilidad de que nuevos sectores tecnológicos mantengan la presión sobre la industria. La robótica avanzada es uno de ellos.

Si los robots humanoides y otros sistemas autónomos llegan a implantarse de forma masiva, millones de dispositivos competirán por los mismos componentes que hoy necesitan la inteligencia artificial, los centros de datos y los usuarios de PC.

Todo ello plantea una cuestión aún más profunda. Durante décadas el PC fue la herramienta que permitió al usuario no solo consumir tecnología, sino también crearla y controlarla. Hoy una parte creciente de esa capacidad se desplaza hacia dispositivos y servicios sobre los que el usuario tiene menos control.

Quizá no estemos asistiendo al fin del PC, pero sí a un escenario en el que disponer de una máquina realmente potente, capaz incluso de ejecutar modelos de IA de forma local, deje de ser una posibilidad al alcance de cualquiera.

Algunos verán esta evolución como una consecuencia natural del mercado y de la creciente demanda de recursos tecnológicos. Otros se preguntarán si una sociedad cada vez más dependiente de dispositivos móviles y servicios centralizados termina reduciendo la autonomía tecnológica del usuario.

Cuanto más difícil resulta acceder al hardware y a las herramientas necesarias para crear y trabajar de forma autónoma, mayor es la dependencia de infraestructuras controladas por grandes empresas. No es necesariamente una estrategia planificada, pero sí una tendencia que merece reflexión. Porque la verdadera accesibilidad tecnológica no consiste solo en poder usar la tecnología, sino también en poder comprenderla, modificarla y construir sobre ella.