La Misión Génesis se anuncio oficialmente
en Noviembre de 2025, pero cualquiera que observe el pulso tecnológico global
sabe que esto llevaba tiempo gestándose. Estados Unidos no está improvisando:
está ejecutando.
Génesis no es un programa de innovación. Es una
arquitectura de poder diseñada para asegurar la supremacía tecnológica
frente al resto del mundo.
El
Departamento de Energía ha alineado a los 17 laboratorios nacionales dentro de
una estrategia común de IA y supercomputación. La operación está dirigida por
Darío Gil, ingeniero español y subsecretario de Ciencia e Innovación del DOE,
encargado de coordinar la integración entre supercomputación, computación
cuántica y modelos avanzados en una infraestructura científica compartida.
Las grandes tecnológicas —AWS, Microsoft, Google,
Nvidia, AMD, Intel, Oracle, OpenAI— se han integrado en la misión. No como
socios, sino como parte de un ecosistema nacional que busca acelerar
descubrimientos, blindar la cadena de suministro y reducir cualquier
dependencia exterior.
En Oak Ridge ya se despliegan los motores de esta
nueva era: Lux, un clúster de IA operativo en 2026, y Discovery,
una supercomputadora prevista para 2028 que superará a Frontier. Ambos forman
la American Science Cloud, una nube científica nacional donde la IA no solo
calcula: experimenta, decide y propone.
Génesis ya diseña reactores de fusión, descubre
enzimas, predice propiedades cuánticas y crea digital twins de infraestructuras
críticas. Y en septiembre de 2026 deberá superar su primer examen: resolver un
desafío científico nacional.
Todo esto avanza entre recortes en EE. UU., tensiones geopolíticas y una cuestión de fondo que sigue abierta: una IA
concebida para impulsar el bienestar de la humanidad puede transformarse en otra
cosa si cambian las prioridades de quienes la controlan. La IA no es el
problema. El problema es el propósito que se le asigna.
Mientras tanto, China acelera su propio modelo estatal
de IA, combinando computación masiva, vigilancia, biotecnología y una
estrategia industrial centralizada. Europa regula más de lo que innova. India
crece. Corea e Israel empujan. Rusia sigue un camino distinto: menos
infraestructura civil, más enfoque militar y cibernético.
El mundo entra en una fase donde la ciencia se guía
tanto por experimentación como por estrategia. Génesis lo deja claro: una IA
creada para ampliar nuestras capacidades que hoy se desarrollan en un contexto
donde su propósito final ya no es técnico, sino geopolítico.
La pregunta no es si esto cambiará la ciencia. La
pregunta es ¿ qué tipo de mundo nacerá cuando los Estados compitan por
controlar la inteligencia que lo define todo?.
Fuentes oficiales
• U.S. Department of Energy – AI & Scientific
Initiatives
https://www.energy.gov/science
• White House – Executive Orders on Artificial
Intelligence
https://www.whitehouse.gov/briefing-room/presidential-actions/
• National Laboratories – Public Research Releases
https://www.energy.gov/national-laboratories
• NIST – AI Risk Management Framework
https://www.nist.gov/itl/ai-risk-management-framework
Perspectivas de expertos
• Brookings Institution – Geopolitics of AI
• RAND Corporation – Strategic Competition
• Kai-Fu Lee – China’s AI Strategy
https://sinovationventures.com
• Graham Allison – U.S.–China Technological Rivalry

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